Guy de Maupassant o el arte de ser moderno.



                                                   

                               
                                 


                                Maupassant y la era digital


Desde que a los 20 años leí Bel ami una calurosa tarde de verano, soy una irremediable fan de Guy de Maupassant. 
En el siglo XIX y principios del XX se produce una eclosión de genios en la literatura francesa. La diferencia entre todos estos grandes autores con Maupassant es que, si para entrar en el mundo de los primeros se requiere cierto tiempo, -Proust es el caso más extremo-, el deslumbramiento que produce el autor de Bola de Sebo es inmediato. Muchas de las grandes obras de la literatura requieren una cierta adaptación a su tono y a su melodía para disfrutar de su música,  sin embargo Maupassant es como una estrella de rock  al que podemos jalear desde los primeros acordes. Y es que hay algo definitivamente moderno en el demente, promiscuo y genial escritor que participa de todas las características que, según Italo Calvino, debe de tener el arte de este nuevo milenio:
Levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia.
En realidad, la mayoría de los escritores clásicos  siguen siendo enormemente actuales pero la diferencia entre Maupassant y un autor como, por ejemplo, Balzac es que el primero es compatible con los usos sociales, más generalizados, del siglo XXI:  sus cuentos- pequeñas  obras maestras que no requieren de mucho tiempo para su disfrute-  son idóneos  para ser compartidos por Internet y a muchos de sus personajes  podríamos encontrárnoslos en cualquier momento. 
El otra día, cuando entablé conversación, en el autobús, con una mujer, tocada con un Hiyab, me acordé del relato Bola de sebo, adaptado dos veces al cine, la primera por Josef Von Stenberg en Sanghay Express y la segunda por John Ford en La diligencia. En este cuento, que muestra como las circunstancias pueden influir en los prejuicios, los pasajeros de una diligencia van cambiando la percepción negativa de una prostituta que viaja con ellos, cuando empiezan a establecer una relación personal con la joven y ¡Qué decir del trepa protagonista de Bel ami!, al que podríamos ver hoy en día ocupando los titulares de cualquier periódico.



Claire Trevor, la actriz que da vida a Dallas, en 
"La diligencia" de John Ford, inspirada en un cuento de Maupassant



La vida de Maupassat fue breve, intensa y a menudo trágica: 
Nació en el château de Miromesnil en una noble familia normanda.
En sus apenas 43 años de vida, escribió: seis novelas, 300 cuentos, seis obras de teatro, tres libros de viajes, una antología de poesía y numerosas crónicas periodísticas. Ahora, que se tiende a prolongar la juventud durante muchos más años que en la época del escritor,  no deja de sorprendernos que en tan poco tiempo pudiera explicar tanto sobre  la naturaleza humana.  
Vivió a tope: el sexo con múltiples partenaires en  los bajos fondos de París donde contrajo la sífilis y aunque consideraba al matrimonio, "un intercambio de malos humores durante el día y de malos olores durante la noche" parece que convivió con una mujer con la que tuvo tres hijos; la guerra, cuya futilidad describió en sus cuentos, tras combatir en la contienda franco-prusiana de 1870; las drogashachís, éter, cocaína; el trabajo de funcionariado que fue también su época de mayor eclosión creativa; la locura, murió en un asilo tras varios intentos de suicidio con la mente nublada; incluso el deporte, fue un gran aficionado al remo y a la navegación. 



 
En sus relatos refleja el ambiente de promiscuidad  en que se sumergió



Con el apoyo de Flaubert empezó su carrera literaria con éxitos y reconocimientos de escritores importantes. Leon Tolstoi e Iván Turgueniev valoraron mucho sus obras. De su primera novela, "Una vida", de la que hace poco se ha presentado una versión cinematográfica con el nombre de El jardín de Jeanette, Tolstoi dijo que era la principal novela francesa desde los miserables de Victor Hugo.
Schopenhauer fue su filósofo de cabecera.  Muy celoso de su independencia, Maupassant abominaba de cualquier atadura o vínculo social, por lo que siempre se negó a recibir la Legión de Honor o a considerarse miembro del cenáculo literario de Zola.
Louis Vax establece una neta diferencia entre  Mérimée y él.  Éste es un enfermo que expresa su angustia; aquel es un artista que imagina en frío cuentos para asustar.  Atacado por graves problemas nerviosos, con síntomas de demencia y pánico, posiblemente heredados -su hermano había muerto en un hospital siquiátrico-,  escribió antes de morir:
«Tengo miedo de mí mismo, tengo miedo del miedo, pero, ante todo, tengo miedo de la espantosa confusión de mi espíritu, de mi razón, sobre la cual pierdo el dominio"

Una biografía de Guy de Maupassant

blog dedicado a la figura de Guy de Maupassant




Comentarios

  1. Yo no leí Bel Ami. La vi en televisión española cuando era un niño en aquel programa de televisión española en blanco y negro que se llamaba "Novela" que en capítulos de media hora destripaba las mejores novelas de la historia de la literatura. EL Conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, nunca llegué a leerlos por aquel bendito programa, a lo mejor ha llegado la hora de que abra los libros.

    Muchas gracias por ilustrarnos con tu comentario.

    PD
    No conozco muchos funcionarios que a su vez se beban la vida a grandes tragos como Maupassant

    Juan Carlos

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  2. Yo creo que uno recuerda mejor los libro, las películas, las series que vimos en nuestra infancia o primera juventud, son un poco, como los amigos de toda la vida.
    Ahora que hablas de funcionarios que se beben la vida, Juan Carlos, me acuerdo de que Pedro Almodóvar, antes de triunfar tan rotundamente en el cine, trabajaba de empleado en la telefónica y, aunque no era exactamente Maupassant, llevaba una vida bastante trepidante.

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