El Dadá ruso en el Reina Sofía

Autorretrato de Igor Teréntièv


             El Dadá Ruso, hasta el 22 de octubre en el Reina Sofía



Reconozco que el Museo Reina Sofía de Madrid es mi pinacoteca favorita de la capital, tal vez, porque, pese a las sucesivas reformas del edificio, aún conserva algo de la atmósfera del viejo Hospital General que fue, desde su construcción, en el siglo XVIII, en base a un proyecto de Sabatini, hasta su cierre en 1965.
Al pasear por sus salas abovedadas, pintadas de un blanco de cal, una puede imaginarse a los médicos y hermanas de la caridad inclinados sobre las viejas camas de barrotes donde yacían los enfermos en la penumbra de los pabellones. Son ecos del pasado que aún resuenan en la galería, apenas iluminada por el verde triste de las plantas  del jardín interior, con esculturas de Calder y Miró. 
Pero no solo la restauración  del arquitecto Fernández Alba, autor del proyecto de 1980,  me parece una de las más conseguidas dentro de los espacios públicos, también me gustan otras intervenciones como los ascensores de vidrio o  la ampliación de Nouvel -mi favorita dentro de las actuaciones de grandes arquitectos en museos-. Ademas me parece acertado que dejen fotografiar  las obras de arte, siempre que no se utilice  flash, lo que favorece la sensación de  interactuar con el lugar. 



Valentín Yustitski, Construcción con alambre (1920)


La exposición aborda el arte de vanguardia ruso entre 1914 y 1924


Esa mezcla entre el pasado y el presente; el clasicismo y las vanguardias  más vanguardistas, las del siglo XX, que ocupan un lugar preferente en la nostalgia, se hace patente en esta exposición,  la primera que aborda el arte ruso, entre 1914 y 1924 y su relación con el movimiento Dadá internacional. Cien años antes de que la dispersión, el cansancio, la invasión del marketing o la falta de nuevos movimientos  capaces de sacudir, sorprender o siquiera escandalizar  a los bien pensantes empezaran a dominaran el panorama artístico mundial. 

Igual que sus colegas europeos, los artistas rusos fusionaban lo verbal y lo visual y cultivaban la excentricidad, las boutades y el pacifismo en un discurso multimedia que se muestra en pinturas, dibujos, filmes, material impreso y teatral de una época, que abarca la Primera Guerra Mundial, las dos revoluciones rusas de 1917 y  la muerte de Lenin.

Los vanguardistas rusos se negaban a vincularse con el futurismo italiano de Marinetti


Los rusos sustituyeron a los futuristas por los budetliane y sustituyeron el ensalzamiento de la originalidad y el individualismo por  por un modelo protodadá de creación colectiva


Los artistas: Kazimir Malévich, Alekséi Morgunov, Ivan Puni, Olga Rózarova, Vladimir Tatlin, y Kiril e Iliá Zdanèvich expusieron juntos en muestras como "La última exposición futurista de pintura" con objetos encontrados y exposiciones construidas a partir de readymades.




Nadezhda Udaltsova, Figura roja(1919)



En el periodo revolucionario los artistas y poetas reunidos en el Dada ruso (da, da significa sí, sí en ruso) se convirtieron en net, net (no no).

Durante su exilio en Zúrich-antes de regresar a Rusia en Abril de 1917-, Lenin vivió cerca del Cabaret Voltaire donde discutía con los dadaístas de arte y política. Su muerte, en 1924, coincidió con el final del movimiento y el principio del surrealismo.


Boris Ender, Karl Liebknecht (1919)




Varios artistas rusos conocieron París, Berlín y Nueva York a principios de los años 20, expusieron en la galería berlinesa Der Sturm, promotora del Dadá y popularizaron la visión de la no objetividad defendida por El Lisitzki y Málevich. "El monumento a la tercera internacional" ,de Tatlin, se convirtió en el paradigma del antiarte para los dadaístas, lo que unido a numerosos ejemplos como éste  legitiman de manera convincente la existencia del Dadá ruso.

  



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