Lo que no se sabe de Cayetana Álvarez de Toledo

                                                                              
      

Su infancia difícil y la manera insólita en que consiguió su título
        

El rifirafe entre Cayetana Alvarez de Toledo y Pablo Iglesias, en el Congreso de Diputados, cuando el Vicepresidente del Gobierno se burló de su título de marquesa y  la  portavoz del PP  le contestó afirmando que él es hijo de un terrorista  ha conseguido eclipsar el asunto principal de uno de los debates parlamentarios más importantes para los partidos de oposición: la actuación del ministro Marlaska en la destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos y la dimisión de otros miembros de la Guardia Civil.

Pero esa guerra, que Iglesias ha presentado como una lucha de clases entre nobles y villanos, un espectáculo de duelo medieval en el que la marquesa acabó desenfundando el florete dispuesta a hacer sangre, tiene algunos antecedentes.

Un historiador hubiera situado la primera batalla de esta gesta en el debate sobre feminismo en el que participaron Cayetana Álvarez de Toledo e Irene Montero, que defendieron belicosamente sus posturas encontradas en torno a la violencia contra las mujeres.  

A mí, estas dos mujeres, de ideologías antagónicas, me parece que tienen mucho más en común de lo que podría parecer: Ambas irrumpieron  en la política de la mano de hombres que las apoyaron, su pareja, en el caso de Irene Montero y sus mentores políticos, Acebes y Aznar en el caso de Cayetana Álvarez de Toledo; ambas participan de un síndrome narcisista y gesticulante que las lleva a sobre-exponerse en los medios, ambas predican la buena nueva desde distintas ópticas cual martillo de herejes y enemigos; ambas tienen muchos detractores entre sus mismas filas: de feministas en el caso de Irene Montero,  que la acusan de arrogancia al erigirse como la representante del feminismo urbi et orbe y de frivolidad al monopolizar la redacción de la ley de “violencia de género” y de compañeros del PP, en el caso de Cayetana Álvarez de Toledo, que critican sus maneras desagradables y su tendencia a desviar la atención de los objetivos del partido hacia su persona. 

Ninguna de las dos parecen haber leído a pensadores como Gregorio Marañón: “ El hombre que no duda es un peligro para los demás” o  Michael E. de Montaigne: “Buena almohada la duda para una cabeza equilibrada”   o , si lo han hecho, lo disimulan maravillosamente. 


                

Un padre ausente



Ahora, que en el parlamento se habla de familias en lugar de otros temas más propios para debatir en la alta cámara, y el señor Iglesias ha añadido la aristocracia linajuda a sus habituales bestias negras, los ricos y los banqueros, es un buen momento para adentrarnos en la de Cayetana Álvarez de Toledo y la de su contrincante en la primera justa, Irene Montero. 

Es probable que la infancia de la ministra de igualdad haya sido, si no más feliz, posiblemente menos traumática que la de la portavoz del Partido Popular, pues si Irene vivió sus primeros años en una familia estructurada, Cayetana nació mientras su padre estaba casado con su segunda mujer, Sonia Nicolopolo y Jean Álvarez de Toledo no reconoció a su hija hasta unos años después. Pero, aunque Sonia acabara separándose del padre de Cayetana en 1977 y formalizando su divorcio a mediados de los ochenta del siglo pasado, la madre de Cayetana, la argentina Patricia Peralta Ramos, nunca se casó, ni convivió con Jean Álvarez de Toledo que rehízo su vida junto a otra mujer


  La posesión del marquesado de Casa Fuerte está aún en      precario


Para  la poca gente interesada en la nobiliaria, un sector social que, salvo contadas excepciones, carece de toda influencia en la España actual, hay que decir que, al ser España una monarquía; a diferencia de otros países europeos, la concesión de los títulos nobiliarios se publican  en el boletín oficial de estado en el momento de su trasmisión.  Pero volvamos a la familia paterna de Cayetana Álvarez de Toledo.

A mediados de los años 80 Jean Álvarz de Toledo, que nunca tuvo la nacionalidad española, recuperó el título familiar de marqués de Casa Fuerte.  En el momento de la muerte del padre de Cayetana, había cuatro herederos que tenían más derecho a ese título que la portavoz del Partido Popular: Catherine, hija del hermano mayor de Jean y Francois, Marcos y Sandra, los hermanos mayores de Cayetana.

 



Tamara Falcó



Tal como explicó al “Palco de la Sevigne” el abogado experto en derecho nobiliario Javier Timermans, marqués de Villapuente, según las leyes vigentes en la nobiliaria española, el propietario de varios títulos tiene la posibilidad de distribuirlo entre sus hijos siempre que reserve el principal para el primogénito. Ese podría ser el caso, por ejemplo, de Tamara Falcó a la que su padre ha dejado el título de marquesa de Griñón, habida cuenta que sus dos hermanos mayores ostentan, cada uno de ellos, uno de los títulos principales de la familia, o el de la casa de Alba en la que el primogénito lleva el título de duque de Alba. 
Sin embargo, en el caso de Cayetana Álvarez de toledo, ni Catherine ni ninguno de su tres hermanos mayores llevan ningún título nobiliario. Esto es debido, según el marqués de Villapuente, a que estas leyes solo se aplican en el caso de que los herederos perjudicados ejerzan su derecho. Por lo que la posesión del título, aunque sea en precario, es legal. Sin embargo, añade Javier Timermans, aún en el caso de que  los herederos hubieran firmado su renuncia ante notario, la ley prevé que los descendientes de los renunciantes, si no han renunciado a su vez, puedan solicitarlo hasta cuarenta años después de cumplir la mayoría de edad. Por lo tanto, son muchos los parientes que podrían legalmente desposeer a Cayetana del título que ha provocado la burla de Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados.


Comentarios

  1. Es la mujer más pretenciosa y arrogante que ha entrado en el congreso de los diputados, de hecho desde que ella está allí el hemiciclo parece más un plató de salvame deluxe que un congreso.

    Ella viene de una familia muy rica y siempre defiende los derechos de los más pudientes en lugar de promover la justicia social.



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    1. Creo que el origen económico y social no tiene que ver con la defensa de los derechos de los más desfavorecidos. Tenemos que acostumbrarnos a juzgar a la gente por sus obras no por su origen ni quienes son sus padres. Eso me parece más propio de discursos populistas del tipo:"muchos emigrantes delinquen, un emigrante seguramente será un delincuente" Parte de Vox o bien : " "La aristocracia es arrogante y maleducada y los ricos son malos" Parte de Podemos

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  2. Me parece muy revelador y que quizás explique comportamientos posteriores de Cayetana.
    Pedro Lopez Arena

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