DANTE Y LA VIOLENCIA DE GÉNERO



            

La violencia de género en la Divina Comedia, (por Natalia Calamai, catedrática de instituto,doctora en filología italiana)



                        

                    


Con trágica frecuencia los telediarios nos informan del asesinato de una mujer por su pareja o expareja. Cuando alguien afirma que estos crímenes nunca han sido tan numerosos como en la actualidad, si veo que vale la pena profundizar en el tema respondo que asesinatos de este tipo son tan antiguos que ya hace más de siete siglos Dante Alighieri (1264-1321) en su Divina Comedia relata dos perpetrados por sus maridos contra dos mujeres reales, cuyas vidas y muertes están ampliamente documentadas. Estas dos víctimas de violencia de género han adquirido tal importancia en la cultura occidental que desde hace siglos, sobre todo a partir del romanticismo, conquistan la imaginación de pintores, poetas, músicos y autores teatrales.

La primera que aparece en la obra de Dante es Francesca da Rimini, hija de Guido da Polenta, “señor” (en ese tiempo máxima autoridad) de la bellísima ciudad de Ravenna. En 1275 su familia la casó por interés con el señor de Rimini, ciudad próxima a la anterior y de igual belleza. Éste era Gianciotto Malatesta, muy inteligente y experto guerrero, físicamente deforme. Sin embargo, Francesca siempre estuvo enamorada de su hermano Paolo, bellísimo, pero según documentos de la época “más dispuesto al reposo que al trabajo”. Con el tiempo entre los dos cuñados nació una relación amorosa, que Gianciotto descubrió y castigó apuñalando a ambos. 

A pesar de la profunda sensibilidad que Dante tenía por los temas amorosos y a pesar de la gran amistad y gratitud que le unía a la familia Polenta, la situación moral, en que se conjugaban adulterio e incesto, era tan extrema que no pudo evitar colocar a esta pareja en el Infierno. Pero es importante entender la forma en que lo hace. 

  

Francesca de  Rimini es la primera heroína femenina que Dante sitúa en el infierno


El poeta florentino sitúa a cada condenado, según su pecado, en cada uno de los nueve círculos concéntricos, colocados alrededor de un eje vertical, que constituyen el Infierno. Cada círculo es de menor tamaño que el anterior y está ubicado más abajo, de manera que todos los círculos juntos forman un cono que desciende hacia la zona más tenebrosa y profunda que es el centro de la tierra, ocupado por el cuerpo monstruoso de Satanás. A medida que aumenta la gravedad de las ofensas a Dios, los condenados están más alejados de su presencia y por lo tanto de la luz.

En el primer círculo se encuentra el Limbo y en él las almas de los que no pudieron salvarse por no haber sido bautizados. No están condenados, pero padecen la triste pena del alejamiento divino. En el segundo círculo encontramos al primer grupo de condenados. Se trata de los lujuriosos, que, envueltos en una oscuridad que simboliza el ofuscamiento del intelecto, son arrastrados por un vendaval tan violento como las pasiones que los subyugaron en vida. 

Cuando Dante penetra en este primer círculo y se encuentra ante su primera visión infernal, ante una masa de condenados que corren a velocidad inhumana chocando brutalmente entre sí, experimenta un horror terrible. Pero de pronto distingue a dos almas diferentes, que fundidas en un abrazo parecen flotar levemente en el viento. El poeta las llama y ellas acuden como palomas que “caer se dejan por amor llevadas”. La mujer toma de inmediato la palabra y en pocos rasgos describe su bella ciudad de origen. No menciona su nombre ni su procedencia, pero el lector sabe que se encuentra ante Francesca da Rimini. Luego narra su historia, marcada trágicamente por el amor. Esta palabra aparece en el comienzo de las tres estrofas siguientes y a ella se aferra para declararse inocente de la pasión que la unió trágicamente a Paolo, porque es imposible oponerse al amor, pues éste “a nullo amato amar perdona”. Es la tesis de los poetas provenzales, que poseía gran influencia en la poesía y en la cultura de la época y se encuentra incluso en textos de teólogos como Santa Catalina de Siena que afirma: “Naturalmente el alma es llevada a amar aquello de lo que se siente amada.”

      

  Dante coloca al asesino de Francesca en el peor de los círculos, cerca de satanás

                                            


Mientras escucha a Francesca la emoción de Dante es tan intensa que el llanto le sobrecoge y le impide hablar. Esta reacción ante el dolor hoy resultaría sorprendente en un varón, pero es muy frecuente, a lo largo de la Divina Comedia, en esta valiente intelectual y patriota, capaz de enfrentarse a los poderes más elevados de su tiempo, que nunca se preocupa por ocultar sus lágrimas. Llorando pide a Francesca que le explique cómo se produjo el paso de los “suspiros” amorosos a los deseos “oscuros”. La escena que sigue es viva y perfecta como una miniatura. Los dos enamorados están leyendo un libro que narra la historia de amor entre Lancelot y Ginebra. Cuando llega el momento en que los dos personajes ceden a su pasión, también los dos lectores, sobrecogidos, ceden a ella. Al finalizar el relato, Dante siente tanta compasión por Francesca que cae desmayado.

A pesar de la fuerza con que se identifica con el personaje de Francesca, a pesar del dolor que le provoca,  el poeta florentino, condicionado por la moral de su tiempo, no puede evitar situarla en el Infierno. Al lector le produce algún consuelo saber que los dos amantes se encuentran en el primer círculo, el menos alejado de Dios y por lo tanto, podríamos decir, el “menos” malo dentro de la jerarquía. También nos consuela en parte saber que a Gianciotto, el marido, Dante le coloca en el peor de los círculos, el noveno y último, el de los traidores de sus parientes, enterrados desde el cuello hasta los pies en un lago helado, a pocos pasos de la guarida de Satanás.

Francesca da Rimini ocupa este capítulo de la Divina Comedia con la fuerza arrolladora de su pasión y su ternura. Es la gran heroína femenina del Infierno y la primera víctima de violencia de género que aparece en la Divina Comedia. La siguiente es muy diferente. Para encontrarla pasamos del canto V del Infierno al canto V del Purgatorio, de la atmósfera oscura del abismo infernal al aire dulce y sereno del monte que surge en el hemisferio austral, en medio del océano, y asciende hacia el Paraíso. Los pecadores están repartidos en nueve cornisas por las que van pasando para purificarse y gradualmente ascender hacia la cumbre. Mientras cumplen sus castigos las almas cantan en coro una oración. De la vida terrestre les queda un recuerdo lejano y saben que su destino es la beatitud eterna.

  

La segunda víctima de violencia que aparece en la Divina Comedia es Pia dei Tolomei


Cuando Dante se encuentra en la zona más baja del Purgatorio, donde las almas recién llegadas esperan a un ángel que las enviará al lugar que les corresponde, una voz que imaginamos tímida y amable se dirige a él, presentándose de la forma más humilde: “Io son la Pia”. El artículo que precede el nombre, uso todavía frecuente en el lenguaje familiar del centro y norte de Italia, revela que ha tenido verdadera amistad con Dante. El contraste entre la escena protagonizada por Francesca y ésta en que aparece Pia es tan fuerte como el que podemos imaginar entre el sonido de una gran orquesta y el de un clavicordio. Su mismo nombre, en contraposición con el de la víctima anterior, es muy breve, un solo monosílabo. Su historia, en que sintetiza su lugar de nacimiento y de muerte, así como el crimen de su marido, está contenida en tres versos, frente al largo relato de Francesca que recoge hasta los detalles más íntimos de su relación con Paolo. 

Por las crónicas de la época sabemos que se trata de Pia dei Tolomei, perteneciente a una antigua familia de Siena, esposa de Nello d’Inghiramo, señor poderoso de la Maremma. Sobre la forma en que el marido la hizo matar se recogen, en los documentos de la época, por lo menos dos versiones. En una se relata que lo hizo para poderse casar con Margherita Aldobrandeschi, que acababa de anular su tercer matrimonio. En otra que los celos le obsesionaban de tal manera que la mandó encerrar en una habitación de su castillo y, a pesar de saber que no podía salir de ese lugar, siguió convencido de su infidelidad hasta que un día ordenó a un criado que “cogiéndola por los pies la tirara por la ventana”. Pia cayó en un valle tan profundo que desapareció para siempre. Lo que se sabe con certeza es que poco después de su muerte, Nello se casó con Margherita. 





 

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